Pastoral 01de MArzo - Ap. Alberto Magno Sales de Oliveira
¿No Tengo Tiempo para Orar?
¿Por qué los cristianos no oran? ¿Por qué no estamos orando?
- Porque no confían en Dios.
La primera razón por la que no encontramos un ejército de oradores en el campamento de Dios aquí en la Tierra es porque no confían en Él. Por eso podemos encontrar a millares que acuden a los más variados sitios de ayuda intentando resolver sus problemas y golpeando sus caras en lugares que no les darán solución ni respuesta ni paz a sus corazones. Si creyeran a Dios acudirían a Él con todo su corazón.
Pero la razón por la que no creen en Dios es porque no Le conocen. Su ignorancia espiritual los hace errar y quedarse frustrados en los caminos de la vida. El profeta Oseas declaró de parte de Dios: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”. (Oseas 4:6). El hecho de que no conozcamos a Dios, nos hace desconfiar de Él y, por eso, no vamos a Él en oración.
Ya el profeta Daniel declaró: “Mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”. (Daniel 11:32b). ¡Qué distinto en conocer a Dios! El Señor Jesús nos dice eso en su oración sacerdotal de Juan 17: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. (Juan 17:3). El apóstol Juan en su carta: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”. (1 Juan 5:14-15).
- Por Tibieza.
La segunda razón es porque nuestra vida se ha hecho tibia, nuestro amor al Señor se ha entibiado. En mi departamento o en la casa donde vivimos, ya no está la Presencia del Señor o ya lo hemos dejado afuera de nuestros planes, negocios o prioridades. Y no hay estado más deplorable en la vida de un cristiano que llegar a estar tibio, perdiendo así el brillo espiritual y el primer amor hacia el Señor y Su Reino. En Apocalipsis 2:4 leemos: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”. Estas son palabras de Jesús a la iglesia de Éfeso que la felicitó por ser muy laboriosa y esforzada en su trabajo cristiano, pero que había perdido su primer amor.
- Por Prioridades cambiadas.
La tercera razón es porque tenemos invertidas nuestras prioridades. Nos dejamos dirigir y determinar por las cosas que a nosotros nos gustan. Si tenemos la posibilidad de ir a la cancha, vamos a la cancha. No hay problema alguno que nos guste ir a ver un partido de fútbol, pero Dios está en contra de que la cancha sea más importante que nuestra vida de oración. Y también lo está si nuestras emociones son más grandes y auténticas cuando estamos en la cancha que en Su Presencia en las Celebraciones, en las células, etc. Si es así, nuestras prioridades están cambiadas.
O cuando mi auto, mi celular o mi computadora son más importantes que pasar tiempo con el Señor. Hasta el trabajo por ser un impedimento. Sí, el trabajo es muy importante, pues nos da la posibilidad de garantizar nuestra mantención material. Pero, ¿cómo vamos a recibir del Señor si nuestro trabajo es más importante que nuestra relación con Él?
- Porque somos superficiales.
La cuarta razón es porque los cristianos aprendimos a vivir sin oración. Hacemos de todo: vamos al Culto, a las reuniones de Células, cantamos, danzamos, oramos, pero en realidad no oramos. No buscamos a Dios, y por eso Dios no nos visita, porque la Palabra nos dice: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.” (Santiago 4:8).
Hay miles y miles de cristianos que aprendieron a vivir así, sin oración y sin relación con Dios. Es un estado terrible porque Dios está lejos de ellos. Job 42:5-6 declara: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza”. ¡Qué fácil es pasar toda una vida sin orar! Es una vida superficial, sin poder. ¡Es una vida horrible!
Que el Señor nos ayude a tomar decisiones de peso y veraces acerca de nuestra intimidad con Él y en nuestra vida de oración.
En el Amor del Señor y en la Lucha por el Reino, Alberto Magno y Gladys de Sales, sus pastores.

