Pastoral 22 de MArzo - Ap. Alberto Magno Sales de Oliveira
¿Para qué Orar a Dios si Él Igual Sabe qué es lo Mejor?
Hay una pregunta obvia con respecto a las oraciones: Si Dios es omnisciente, entonces Él por cierto sabe qué queremos. Y si Él sabe qué queremos, ¿por qué se lo tenemos que pedir?
La pregunta es todavía más fuerte. Dios no sólo sabe qué ‘queremos’, sino que Él también sabe qué es lo mejor para nosotros, lo que ‘necesitamos’. A menudo, estas dos cosas no son lo mismo. Una persona puede querer ganar una fortuna en la lotería. Pero… ¿cuántos ganadores de lotería descubrieron que el dinero es más una maldición que una bendición? Ya no saben quiénes son sus amigos. Su familia repentinamente tiene toda clase de expectativas financieras. O empiezan a vivir muy por encima de sus medios, sólo para descubrir que el dinero se va rápidamente y, al final, se quedan con menos de lo que tenían en un primer momento.
Que preferirías: ¿Lo que tú piensas que es mejor para ti o lo que Dios sabe que es mejor para ti?
O alguien que está desesperado por casarse con cierta persona, pero está obnubilado y no ve la realidad. Si ora para casarse con ella y Dios lo escucha y le responde, terminaría en una relación dolorosa y eventualmente fallida.
Una vez, alguien me dijo: “¡Ten mucho cuidado con lo que oras, porque Dios podría dártelo!”. Por lo tanto, sí, es natural que oremos por lo que queremos, porque nos parece que lo que queremos es lo mejor para nosotros. Pero… ¿no nos iría mejor si le dejásemos eso a Dios? Que preferirías: ¿Lo que tú piensas que es mejor para ti o lo que Dios sabe que es mejor para ti?
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Con esto en mente, quizás la oración más prudente sería: “Señor y Creador del universo, Tú sabes mejor que yo. Por favor, dame lo que necesito en la vida y no te preocupes por lo que yo pueda pensar que quiero”. O todavía mejor: “Señor y Creador del universo, Tú me conoces mejor de lo que yo me conozco a mí mismo. Sería increíblemente arrogante de mi parte pedirte lo que yo quiero, así que no lo haré. Reconozco que Tú siempre tienes en mente lo mejor para mí y sé que Tú siempre harás lo que te parezca mejor. Sólo quiero decirte ‘gracias’ por todo lo que haces”.
Aunque algunas personas abogan por esas oraciones, no es la visión bíblica convencional. La oración bíblica es especifica. Según el apóstol Juan, pedimos por lo que queremos, porque entendemos que es lo que Dios quiere que pidamos.
La Oración es una extensión de nuestro libre albedrio.
La Biblia nos enseña que Dios creó este mundo para que nosotros ejerzamos dominio y autoridad sobre él. En Génesis 1:27-28 leemos: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. En este mundo Dios también quería que pudiéramos ejercer nuestro libre albedrio. Es verdad que para nuestros padres Adán y Eva, este mundo era perfecto. Con la caída del hombre, le tocó a la humanidad un mundo imperfecto (de hecho, un mundo muy imperfecto). Pedro Dios nos había convertido en sus socios, por así decirlo, para perfeccionarlo. Como tal, se nos pide que asumamos activamente responsabilidad en el mundo, que no sólo dejemos que ÉL lo maneje.
El Salmo 115:16 declara: “Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres”. Qué tremenda revelación: ¡Dios ha dado la Tierra a los hijos de los hombres! Si Dios hubiese querido manejar el mundo por sí mismo y de acuerdo con Su voluntad, no habría necesitado crearnos. Por supuesto, debe haber un equilibrio entre nuestros esfuerzos y la confianza en Dios, pero, donde sea que esté ese equilibrio, nuestros esfuerzos son una parte de lo que se espera de nosotros en este mundo. Para poder agregar nuestros propios esfuerzos, debemos tener nuestras propias opiniones sobre lo que se necesita hacer. Después de todo, ¿Cuál es la diferencia entre pedirle a Dios que me deje casarme con una mujer en especial y arrodillarme y proponerle matrimonio a ella? De cualquier forma, tengo una opinión sobre con quién debería casarme y sigo activamente esa opinión.
En el próximo Boletín seguiremos pensando seriamente en este tema…
En el Amor del Señor y en la Lucha por el Reino, Alberto Magno y Gladys de Sales, sus pastores.

