Pastoral 15 de Febrero - Ap. Alberto Magno Sales de Oliveira
¡Llamados a ser de Dios!
Cuando un hombre se ha arrastrado durante años en un cristianismo convencional y de repente levanta un vuelo a una inteligencia espiritual y se hace activo y fervoroso en la batalla por el Señor, mostrando un incansable celo por los perdidos, hay alguna razón para ellos. Pero estamos viviendo tiempos tan subnormales al presente que lo que era normal en los días del Nuevo Testamento parece anormal hoy día, al punto que nos cuesta pensar en el avivamiento prometido por Dios para los últimos días como cosa imposible de darse en nuestra generación.
El secreto de este hombre o mujer que se levanta como un jet en los caminos del Señor es que, en algún lugar o de alguna manera, ha tenido como Jacob un ENCUENTRO CON DIOS y ha sido herido y marcado en su naturaleza carnal, pero ha sido fortalecido por el Espíritu Santo para vivir una nueva identidad puesta por el Señor.
Hay dos factores indispensables para que la vida del cristiano tenga éxito: son Visión y Pasión. Los hombres pueden vencer imponentes tempestades de criticismo carnal y escalar las más peligrosas alturas de despiadada oposición diabólica para plantar, por encima de todo, la cruz de Cristo. ¿Cómo? Sólo si han abrazado una Visión y han contraído una Pasión.
Muchos son los que nos exhortan ahora a no hacernos tan fanáticos que no seamos útiles para las cosas terrenas. Hermanos, este peligro no existe en la presente generación. La verdad brutal y sin paliativos de nuestros días es que somos tan terrenales que apenas somos útiles para las cosas celestiales.
Hermanos, si fuéramos tan diligentes en el cuidado de las almas como lo somos para nuestros negocios seríamos una amenaza al diablo; pero si fuéramos tan poco diligentes para nuestros negocios terrenales como lo somos para los negocios celestiales, es seguro que tendríamos que mendigar nuestro pan. Vivimos bajo el más grande desafío para la Iglesia de Cristo de alcanzar nuestra generación con la Verdad del Evangelio de Salvación en el Señor Jesús. Nunca fue tan relevante la Gran Comisión como en nuestros días. La orden expresa fue: “id y haced discípulos a todas las naciones”. Y hoy por hoy este blanco se ha vuelto una imposibilidad a ojos humanos.
Nuestra generación ha experimentado el mayor crecimiento demográfico que la historia de la humanidad ha conocido:
- En 1804 – la humanidad alcanzó su primer billón de habitantes en la Tierra.
- En 1927, sólo 123 años después, la Tierra llega a su segundo billón.
- En 1960, 33 años después, alcanzamos a ser tres billones de habitantes.
- En 1974, tan solo 14 años después, la Tierra llega a su cuarto billón.
- En 1987, 13 años después, llegamos a cinco billones de seres humanos.
- En 1999, sólo doce años después, alcanzamos a ser seis billones de personas en el planeta. La ONU determinó que el 12 de octubre de 1999 fuera el día del 6to. Billón de seres humanos en la Tierra. Este fue el año en que recibíamos la Visión Celular en el Modelo de los Doce.
- En el 2011, 12 años después, alcanzamos la cifra de los siete billones de seres humanos en la Tierra. Era el día 31 de octubre de aquel año la fecha escogida por la ONU para este marco.
- Pero en el 15 de noviembre de 2022, según la ONU, tan solamente 11 años después, alcanzamos el total de ocho billones de humanos sobre este planeta Tierra.
George Deakin martilleó en mi mente por muchos años esta acertada sentencia: “Una Visión sin una tarea hace un visionario; una tarea sin Visión, un galopín sin oficio ni beneficio; una Visión y una Tarea, un perfecto misionero”. Es por esta razón que la Gran Comisión del Señor Jesús se nos hace sumamente relevante para nuestra generación, pues nunca hubo sobre la faz de la Tierra la cantidad de seres humanos como la que vemos en nuestros días.
Para eso nos dio el Señor una Visión y una Tarea para que alcancemos de parte nuestra la mayor cantidad posible de discípulos para Cristo en nuestra generación. ¿Cuán enfocados estamos nosotros en esta Tarea? ¡No la podremos realizar si no probamos a nosotros mismos que tenemos una Visión! Por lo tanto, fuimos llamados a ser absolutamente de Dios para que podamos hacer las Obras de Dios en nuestro tiempo.
En el Amor del Señor y en la Lucha por el Reino, Alberto Magno y Gladys de Sales, sus pastores.

