Pastoral 28 de Diciembre - Ap. Alberto Magno Sales de Oliveira
¡No Deje de Luchar! ¡El Templo Tiene Dueño!
La lucha es personal, continua y sin treguas, pues el enemigo de nuestras almas no descansa ni desmaya. Su odio a toda la Obra de Dios en nosotros es implacable y él hará de todo para invadir y macular la santidad de Dios en nuestras vidas.
Así como la familia sacerdotal de los Macabeos empezó la resistencia armada contra las huestes griego-sirias, cada uno de nosotros, como sacerdotes del Dios Vivo, debe tomar las riendas de nuestras vidas, familias, liderazgo y ministerio y no permitir que seamos avasallados por la maldad que reina en nuestro tiempo.
Vivimos días de imposiciones y exigencias sociales, culturales, políticas y espirituales. Ninguno de nosotros escapa al asedio y a la invasión tirana de la moda, del humanismo, de las ideologías políticas, del engaño de las religiones falsas y mentirosas y de la dominación de los medios de comunicación social. La experiencia de cada uno de nosotros es que, en el día tras día de nuestra existencia, nos vemos bombardeados por los medios de comunicación social (televisivos, escritos, radiales), por el Internet, por las redes sociales, por las relaciones interpersonales, etc.
El comando del Señor Jesús para Su Iglesia es: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él, porque nada de lo que hay en el mundo—los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” 1 Juan 2:15-17.
Y el apóstol Pablo declaró con vehemencia a los discípulos en Roma: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2. Pablo sabía muy bien que el molde del mundo es contrario al molde de Dios. Por lo tanto, el mundo va a querer ajustarnos a sus moldes y aborrece, como dijo nuestro Maestro y Señor Jesús, a cada uno de Sus discípulos. Esta pugna es real y sin descanso, pues el mundo no soporta que alguien no vaya en su ritmo o que le contraríe.
El comando de parte del Señor es que luchemos cada día la buena batalla de la fe y que corramos con paciencia la carrera que nos fue propuesta por el Señor. En Romanos 12:1 el apóstol Pablo declara: “Por lo tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto.”. Este es desafío continuo que enfrentamos como discípulos del Señor Jesús – presentarnos constantemente delante de Él como sacrificio vio, santo y agradable a Dios. Aprendimos en nuestra experiencia del Encuentro con Dios a ir a la Cruz de Cristo y a sacar de ella todo el vigor y todo el poder para soportar y vencer las investidas de Satanás. Jesús lo ha vencido en el Calvario y posee todos los recursos para hacer de nosotros más que vencedores en Su Nombre.
Que todos digamos como Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2:20.
Cada uno de nosotros tuvimos la feliz oportunidad de concluir este 2025 renovando nuestro pacto con el Señor Jesús y evaluando nuestra condición espiritual para enfrentar los desafíos de nuevo año 2026, que se nos avecina. Es nuestro Padre Celestial que nos da la oportunidad de presentarnos ante Él con alegría, sin culpas o remordimientos, con gracia y con bendición. Toda la Iglesia tuvo su oportunidad de recibir la unción de Nuevos Comienzos impartida por el Señor sobre nosotros, desde las hermanas embarazadas hasta los más ancianos de la congregación.
Resistamos con valentía a toda la opresión del presente tiempo que, con su engaño religioso, político y material intenta profanar la Vida de Dios dentro de nosotros. Vayamos a la Cruz de Jesús y dejemos que Él tome nuestra causa y nos santifique a diario para una vida de consagración y dedicación a Él. ¡Alistémonos para vivir el mejor año de nuestras vidas!
En el Amor del Señor y en la Lucha por el Reino, Alberto Magno y Gladys de Sales, sus pastores.

